ARMADA BIZANTINA Y EL FUEGO GRIEGO – Antonio Mangas

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Cuaderno de bitácoras de un marinero en Faura. Programa dirigido por Antonio Mangas, alférez de la marina.

La armada bizantina fue la fuerza naval del Imperio romano de oriente. Así como el imperio mismo, en sus orígenes se desarrolló de su contraparte romana, pero en comparación con su predecesora tuvo un papel más importante en la defensa del imperio. La armada romana operaba como policía marítima para desactivar amenazas, pero la marina de Constantinopla era vital para la existencia del imperio, al que muchos historiadores han calificado de «imperio marítimo».

La armada bizantina tuvo un papel preponderante en la hegemonía del imperio gracias a sus ágiles embarcaciones, llamadas dromones, y al uso de armas innovadoras como el «fuego griego«. La superioridad naval de Bizancio le proporcionó el dominio del Mediterráneo oriental hasta el siglo XI, cuando comenzó a ser sustituida por el incipiente poder de algunas ciudades-estado italianas, especialmente la República de Venecia.

TERTULIA CON ANTONIO MANGAS

La primera amenaza a la hegemonía de la armada romana vino de los vándalos en el siglo V, pero fue liquidada por las guerras de Justiniano al siglo siguiente. El restablecimiento de una armada permanente y la introducción de las galeras en el mismo periodo marca la independencia y el desarrollo de las características primarias de la armada bizantina. Este proceso se acrecentó durante el advenimiento del Islam. Tras las pérdidas de Levante y África, el Mediterráneo se convirtió en un campo de batalla entre Bizancio y el Imperio árabe. En este aspecto tuvo una importancia decisiva la armada bizantina, no solo para la defensa de las posesiones imperiales en el mar, sino para repeler los ataques contra Constantinopla. El uso del «fuego griego«, el arma secreta bizantina más letal, mantuvo Constantinopla a salvo de varios sitios y permitió la victoria de las tropas de Bizancio en muchos encuentros.

En principio, la defensa de las costas de Bizancio y de las zonas cercanas a Constantinopla estaba a cargo de la armada de los Karabisianoi. Poco a poco se fue dividiendo en armadas locales, pero la Armada Imperial tenía su sede en Constantinopla y se encargaba de impedir los ataques sobre la ciudad. En las postrimerías del siglo VIII, la armada bizantina tenía nuevamente el poder en el Mediterráneo, y aún mantenía cierto éxito en su rivalidad con las flotas musulmanas.

Durante el siglo XI, tanto el Imperio bizantino como su armada comenzaron a declinar. Enfrentada a nuevos retos en el Occidente, la soberanía de Bizancio cedió ante las incipientes flotas de Venecia y Génova, con desastrosos efectos en la economía y la política bizantinas. Un período de recuperación bajo los Comneno fue sucedido por un tiempo oscuro y de declive, que llegó a su punto álgido con la desastrosa disolución del imperio por la Cuarta Cruzada en 1204. Después de la restauración imperial de 1261, la dinastía de los Paleólogo intentó rehabilitar la marina de Bizancio, pero sus esfuerzos solo tuvieron un efecto temporal. A mediados del siglo XIV, la otrora poderosa armada bizantina apenas llegaba a una docena de barcos y el control del mar Egeo pasó de los bizantinos a manos de Italia y el imperio otomano. La débil flota de Bizancio, sin embargo, continuó sus actividades hasta la caída definitiva del imperio en mayo de 1453.

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